Hace unos días llegó a mis manos este artículo que me gustaría que vosotros, papás, leyerais porque es real como la vida misma.
Queridos padres:
Lo sé. Estáis preocupados. Cada día,
vuestro hijo llega con una historia sobre ESE niño. El que está siempre
golpeando, empujando, pellizcando, molestando, quizás incluso mordiendo a
otros niños. El que siempre va de mi mano en la fila. El que tiene un
lugar especial en la alfombra, y a veces se sienta en una silla en vez
de en el suelo. El que tuvo que dejar de jugar con bloques porque los
bloques no son para lanzar. El que se subió a la valla del patio en el
momento exacto en el que yo le decía que parara. El que tiró la leche de
su compañero al suelo en un arranque de rabia. A propósito. Mientras yo
le miraba. Y luego, cuando le pedí que lo limpiara, vació la caja de
pañuelos ENTERA. A propósito. Mientras yo le miraba. El que soltó la más
terrible palabrota en la clase de gimnasia.

Os preocupa que ESE niño desmerezca el
aprendizaje de vuestro hijo. Os preocupa que absorba mucho de mi tiempo y
energía, y que vuestro hijo salga perdiendo. Os preocupa que algún día
le haga daño a alguien. Os preocupa que este “alguien” pudiera ser
vuestro hijo. Os preocupa que vuestro hijo empiece a usar la agresión
para conseguir lo que quiere. Os preocupa que vuestro hijo empeore sus
resultados porque quizás yo no me dé cuenta de que le cuesta sujetar el
lápiz. Lo sé.
Vuestro hijo, este año, en esta clase, a
su edad, no es ESE chico. Vuestro hijo no es perfecto pero suele seguir
las reglas. Es capaz de compartir los juguetes sin pelear. No lanza
muebles. Levanta la mano para hablar. Trabaja cuando es la hora de
trabajar y juega cuando es la hora de jugar. Se puede confiar en que
vaya directamente al baño y regrese sin engaños. Cree que las peores
palabrotas son “estúpido” y “tonto”. Lo sé.
Fijaos, me preocupo todo el tiempo.
Sobre TODOS ellos. Me preocupo por las dificultades de vuestro hijo con
el lápiz, por cómo lee las letras otro, por la timidez de esa
chiquitina, y porque hay